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sábado, 4 de febrero de 2012

La marcha de los hijos



No son más fuertes, ni aparentan mucho, a menudo sus casas no son muy grandes y si las tienen sus pensamientos y mentes están en otra parte, ríen, disfrutan y cantan pero no viven para sí mismos, son más felices que el promedio y no se deslumbran por sus propios logros.

Sus antepasados taparon la boca de leones y prendieron fuego sobre el agua, hicieron que ejércitos mas grandes huyeran, vieron muertos levantarse, devolvieron lo que habían robado, emprendieron viajes sin equipaje, sobrevivieron al veneno de serpientes, y acostumbraron comer juntos.

Siguen vivos hoy, han nacido mas, están por allí, sirviendo desinteresadamente, todavía tiene la protección de Dios, todavía ríen y todavía comparten el pan, muchos están en la cárcel de países hostiles o arriesgando su vida en las misiones, otros peleando la pelea por sus familia y guiando a sus hijos, su principal necesidad no es ser relevantes a la cultura, no están tratando de ser conocidos, no devuelven mal por mal y cuando dicen algo: es cierto. Son verdaderamente revolucionarios y seguidores radicales de Jesús no de sus propias colas.

No van tras personajes con carisma, su trato es con Jesús, es a El a quien siguen. No son visitantes ni curiosos, no son parientes ni simpatizantes, no son teólogos ni filósofos, son hijos y están marchando entre la gente. Sudan, lloran, caminan y van al baño. Son de carne y hueso, son seguidores de Jesús, tan humanos como redimidos, pecadores perdonados, existen de verdad, no quiero conformarme con saber que existen, ni con elogiarlos o verlos pasar, mi deseo es marchar y ser contado como uno de ellos.

Por Carlos Javier Sivira
en Válvula de escape